domingo, 21 de junio de 2015

Vicente Rojo -I-


Los libros tienen sus propios hados. Los libros tienen su propio destino. Una vez escrito –y mejor si es publicado, pero aun esto no es imprescindible– nadie sabe  qué va a ocurrir con tu libro. Puedes alegrarte, puedes quejarte o puedes resignarte. Lo mismo da: el libro correrá su propia suerte y va a prosperar o a ser olvidado, o ambas cosas, cada una a su tiempo.
Augusto Monterroso, “Los libros tienen su propia suerte”, en La palabra mágica

Esta semana fuimos a ver la exposición Escrito/Pintado de Vicente Rojo en el Museo Universitario de Arte Contemporáneo. Una maravilla. Abre con una vitrina dedicada a la caja Marcel Duchamp que diseñó y proyectó junto con Octavio Paz, después una sala con algunos pocos ejemplares de sus diseños para revistas, libros y carteles. Digo pocos no porque sean pocos volúmenes, de hecho se trata de una sala completa con una selección hecha por Marina Garone, pocos porque la producción libresca de Vicente Rojo es muy vasta. Llenaría todo el museo solamente con los impresos salidos de su cabeza diseñadora y de las prensas de la Imprenta Madero. 


En la librería pueden encontrarse por treinta o cuarenta pesos ejemplares de la colección Era/Sep, y al mismo tiempo libros raros  como Renga o primeras ediciones de las diferentes series de la editorial Joaquín Mortiz. Vicente Rojo diseñó también varias revistas además de las conocidas México en la Cultura, Artes de México y Revista de Bellas Artes. De una mirada rápida, sin buscar mucho, encontré un par de ejemplares de Diálogos, una con ilustraciones del mismo Rojo, y Cuadernos Políticos, que, aunque no tiene su crédito, es notable el sello característico de sus diseños. 























Vicente Rojo no era asiduo a poner su crédito de diseñador, director artístico o ilustrador. En la portada de El gato eficaz, de Luisa Valenzuela, de Joaquín Mortiz, firma un gato con medidas como Santiago Almazán. 


Los libros de la Serie El Volador de Joaquín Mortiz, no tienen tampoco el crédito de sus portadas, dibujos, altos contrastes, divertimentos que le sacan una media sonrisa al evocar su recuerdo. Encuentro un parecido en los diseños de esta colección y Artefacto, la escultura de libros que aparece en la entrada. Es, a mi modo de ver, una reflexión sobre el diseño, el arte, la interacción de ambos, y la intención multiplicadora del libro como medio de comunicación masiva, la industrialización del libro. ¿Qué diferencia hay para ti entre pintar y diseñar?, le pregunto en la visita el maestro Rafael López Castro. No sé, respondió Vicente. Estructuro la pintura como una página y aplico el color en el diseño como si fuera una pintura. 



La edición de La Feria, de Juan José Arreola, dice en su tercera página Asteriscos de Vicente Rojo.  Los dibujos originales también pueden verse en la muestra. 







Una de mis colecciones favoritas es Alacena de editorial Era. Nos cuenta Vicente Rojo que se le ocurrió la idea de hacer una editorial mientras trabajaba como director de arte en la Imprenta Madero. Junto con los hermanos Neus, Jordi y Quico Esrpesate (E), Vicente Rojo (R) y José Azorín (A), contaron la idea a Tomás Espresate; él concedió parte de los fondos para iniciar la empresa con la condición de que sólo fuera un proyecto hecho por jóvenes. Los libros son extraordinarios. De un mismo tamaño, las cajas, diseños y tipografías de cada título cambian. Algunos contienen ilustraciones pensadas con las tintas directas y posibilidades que daban las máquinas y los prensistas de la imprenta. He sido feliz testigo de las conversaciones de Rafael López Castro y Vicente Rojo sobre el trabajo en la imprenta, de la forma de trabajar de ambos y del ambiente. Los dos recuerdan con gran cariño los nombres de cada encargado del proceso de producción (linotipistas, prensistas, fotomecánicos, encuadernadores) y de los líos en los que los metían para que sus diseños quedaran tal y como los habían imaginado. La colección de Alacena es un catálogo de estas posiblidades. Los autores que publicaron eran, para los años sesenta, tanto jóvenes Carlos Fuentes, Héctor Manjarrez, Salvador Elizondo, como los consagrados Alfonso Reyes, Salvador Novo o Max Aub. Muy divertidas son los títulos que diseñó para Alejandro Jodorowsky.














































Con el mismo cariño y despliegue de sabiduría mecánica, diseñó las ediciones que la Librería Madero regalaba a fin de año. Me gusta especialmente el escrito por José Emilio Pacheco bajo diferentes seudónimos Mecanismos/Imágenes/Ficciones. Lo recuerdo en mi biblioteca de adolescente; mi ejemplar, contra todo afán bibliófilo, terminó maltratado de tantas lecturas. Alguna vez usé sus cuentos para ejercicios de diseño de la carrera, me enteré de que fueron escritos por José Emilio Pacheco muchos años después. Con el tiempo me doy cuenta de que parte de mi fascinación fue el misterio de los textos provocado por las imágenes. Algunas de ellas tienen pies escritos por el mismo Vicente Rojo y son una narración paralela, indesprendible al mismo tiempo del texto. 








Este Diccionario de ideas, de Masimo Bontempelli, está impreso sobre papeles azul y blanco con tintas azul, marrón, rojo y negro. El texto está detallado con señas de flechas y corchetes que Vicente Rojo agregó al texto para enfatizar alguna idea de la imagen.













  



Son preciosos los libros de los artistas Kazuya Sakai, Arnaldo Coen, y el mismo Vicente Rojo. Él trabajó la imagen de otros artistas fotomecánicamente para que, en vez de reproducir las imágenes en selección de color, tuvieran la intensidad de las tintas directas. Si se trata de obras hechas especialmente para el libro, son originales múltiples. Mientras recorríamos la muestra, Vicente Rojo nos mostró su libro Negaciones para esta colección. Nos contó cómo pidió al encargado de la encuadernación que lo suajara línea por línea de color. 























































En la visita platicó cómo obtenía las imágenes para decorar las publicaciones: grabados antiguos, ornamentaciones y florituras tipográficas. Las recortaba de revistas, periódicos y toda clase de impresos. Armó un archivo grande que aún conserva. Me encantaría verlo. Muchas de estas están desplegadas a lo largo de los números que diseño para la Revista de Bellas Artes. En el número 1, de 1965, tiene dibujos de Cuevas, Arnaldo Coen y Carlos Cofeen. Vicente Rojo contó que pedía todo el tiempo a sus amigos artistas a cada rato imágenes para ilustrar las revistas o portadas de libros que diseñaba. La intención era permitir publicar a todos los que se pudiera y no ser el protagonista de sus diseños. Entre los muchos elogios que puedo hacer de su persona, más allá de sus diseños, es que, además de su generosidad, Vicente Rojo es portador de una elegante discreción y de una genuina modestia. 

























Los libros tienen su propio destino, y los de Vicente Rojo andan tanto en los botadores de diez pesos como en las vitrinas de elegantes colecciones. Yo le recomiendo, querido lector, que empiece su colección ahora que todavía es posible. Vaya corriendo por ellos a nuestra librería. 

Mientras tanto, yo lo dejo con Los libros tienen su propia suerte, de Augusto Monterroso. El libro en que aparece, La Palabra Mágica, lo diseñó por supuesto, uno de sus mejores amigos: Vicente Rojo.
























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